Aquel beso

octubre 9, 2009

A veces me gusta imaginar que sentimos igual.

Probablemente no estaría agradeciéndote lo que hemos vivido (porque al fin y al cabo…), ni le habríamos dado ocasión a ese estúpido trueque del amor por recuerdos; que deberían haber cientos, pero sólo cumplen unos pocos. Algunos besos, una mirada, aquel beso, una caricia, una tarde, aquel beso, una llamada, tus pechos, un estremecimiento y un gemido…y aquel beso.

Al fin y al cabo no es que se perdiera demasiado (qué estupidez).
El descubrimiento de tu cuerpo y la erótica permisividad de tus concesiones. Una vez descubierto y permitido, una vez besado y obtenido, una vez amado y compartido, no tendría porque haber más misterio; pero ahí sigo, apelando sin convicción el fin de este desvelo.

A veces me gusta imaginar que sentimos igual, y que a estas alturas del verano sigo teniendo tu cuerpo en mis manos, mientras las tuyas detienen mi tristeza que caería tras la ventana junto a la hoja caduca.

…y aquel beso…y aquel beso.


La casa

septiembre 18, 2009

En aquella casa se amó mucho pero los años la castigaron inmerecidamente.

Antes era bonita y amplia. Ahora sus paredes están derruidas mostrando sus vergüenzas a paseantes que nunca sabrán lo que allí dentro se amó. Paseantes que la miran buscando las intimidades que el arrasado exterior dejó a la vista de todo el que quiso imaginar una historia…

Y quizá escribirla.

O cantarla.

Para su dueño es la última prueba física de lo mejor de su vida. Para la casa él también lo era. Y así, mirándose el uno al otro desde los extremos opuestos de la calle, vieron como las máquinas echaban abajo el alicatado de sus vidas.


La puta

marzo 12, 2009

 La puta cerró la puerta casi sin despedirse de su último cliente, el cual se le antojó casado y de buena reputación; filántropo, posiblemente empresario y un excelente servidor del Opus Dei. Pensar así le hacía sentir un poco menos vulgar de cómo se creía. Una manera un tanto absurda de compartir su condición.

 

Cerró la vieja persiana que amortiguó los cánticos del acostumbrado grupo de soldados que noche tras noche vociferaban catetos versos sin maldita entonación.

 

El trabajo se acabó por esa noche.

 

Se sentó en la cama y abrió el envase donde guardaba la cena; huevos duros con tomate en rodajas y un refresco. Eso era lo más decente que se echaría a la boca en todo el día.

 

Puso música y ceno acompañada del típico olor de la habitación. Una mezcla compuesta de sábanas que hedían a una mezcolanza infinita de perfumes, unos muebles que apestaban a tabaco y unas paredes que desprendían el cotidiano aroma del asco y la resignación.

 


Tu mirada y tus zapatos

febrero 6, 2009

Recuerdo tus zapatos que me encantaron y la mirada cuando nos despedimos.

Esa mirada que dura un segundo más de lo habitual y con la que me contastes más que todo cuanto te escuché decir.

Al marcharte no te giraste, probablemente por pudor, pero vi como caminaste hasta el día siguiente.

Porque a la siguiente mañana me esperaba otra mirada aunque con distintos zapatos.

 


La belleza

febrero 6, 2009

Descubrí la belleza cuando realmente empecé a pensar en ella.

Para eso tuve que esperar a que todo se calmara; a que mis días se amansaran, porque hasta entonces no la conocía como debía.

La literatura, la música, la danza…el arte, siempre estuvo ahí, pero ahora sé de la frase, la palabra, la mirada, la dulzura…incluso la comprensión, como el más difícil de los quehaceres.

La necesidad más obviada.

La obligación más excusada.

Porque ahora sé que no hay belleza sin comprensión.

Ni comprensión sin belleza…

Ahora es todo más sencillo y a veces más difícil, porque me gustaría compartirlo con todo el que es como yo era.

Pero me lo guardaré como un tesoro; porque como para algunos histéricos embelesados o ciegos alcohólicos de codicia, la curación sólo es posible cuando realmente eres consciente de que estás enfermo.


Fresas

enero 27, 2009

Me pregunto si el invierno traerá fresas secas o sí al contrario vendrán dulces como en primavera. Hasta entonces esperaré a que empiece el verano para preparar otra gran cesta, como las que comimos cuando las hojas caían sobre nosotros. Quizá este año vengan mejor, aunque se pudran sobre la mesa.


Comprendo que no entiendas mi silencio

agosto 11, 2008

Comprendo que no entiendas mi silencio.

Pero no me pidas que desahogue las penas que guardo porque no ayudaría a sentirnos mejor.

Porque no lo vas a entender.

Porque no lo quiero intentar.

Porque es mío y tú probablemente lo ensucies con juicios y suposiciones.

Me preguntas porqué estoy tan seguro y es porque ni siquiera entiendes mi silencio.